miércoles, 20 de julio de 2011

UN SUCEDIDO ESPELUZNANTE

El magnífico escritor y mejor amigo y destacado miembro de esta Tertulia Luis Díez Tejón publica en su habitual columna del diario El Comercio del miércoles, día 20 de julio, el escrito que me permito transcribir a continuación.

A la vista del mismo, ustedes opinarán. A mi se me ocurre: ¿Qué pensará de esto, si es que lo conoce y si piensa en ello, el "Sr" (por llamarlo así según una convención social) Rosell. ¿Quizás que María se prostituye "porque sí"?. ¿Y el "Sr" (lo mismo que antes) Botín?. ¿Quizás que los ricos a sus ganancias y los pobres que se pudran?. ¿Se les atragantará la comida alguna vez ante hechos como estos?.

¿Cuando acabaremos con esa falacia (una entre tantas) de que el objetivo de las empresas es generar ganancias?. Este tipo de personajes como los citados, y otros de igual "actitud", ¿habrán oido hablar del bien común, de la justicia distributiva o de la dignidad de los seres humanos?.

Las empresas, y por ende también los bancos, tienen que ser rentables, es obvio, pero ese con ser un objetivo, no es el único. Las empresas también tienen la obligación del compromiso social, de colaborar con la marcha de la sociedad y con el bien común, devolviendo a la sociedad parte de lo que de ella obtienen, y sin la que no podrían subsistir.

En fin, perdone quien lea estas líneas este desahogo, pero hay cosas que si uno no las dice, revienta. Y ahora, por favor, continúen leyendo lo escrito por Tejón, que por supuesto es mucho mejor y merece más la pena que las líneas anteriores.


La esquina de María
Su deseo de dar a su hijo una vida al menos como la de ella terminó en la ruina de ambos

Frente a la magnitud de las cifras económicas con que nos atiborran cada día, y que nadie entiende, se imponen las humildes cuentas de nuestra economía familiar, infinitamente más importantes que aquéllas. Que hablen los sesudos expertos con su lenguaje incomprensible, que sigan con su jerga críptica sobre la tal Moody's, diferenciales de deuda, calificaciones de riesgo, fortalezas financieras intrínsecas, riesgo país y cosas así, que los sencillos números de sumas y restas que hemos de echar para tratar de llegar a fin de mes son mucho más trascendentales y mil veces más inquietantes. A la hormiga le preocupa más la pequeña piedra que le obstruye el camino que la imponente montaña que se alza al fondo. La verdadera dimensión de la crisis no se encuentra en el parqué de las bolsas ni en la frenética agitación de banqueros y ministros de finanzas, sino en las esquinas de las páginas de sucesos, allí donde la preocupación general se condensa en lo personal y se convierte en drama. Miles de dramas anónimos que hace ya tiempo que dejaron de ser noticia; personas con su desesperación a cuestas, que no importan a nadie, salvo al banco que los desahució, a la cocina de beneficencia que les da de comer algo, y quizá a los familiares, si no están en su misma situación.

María tiene 68 años y seis nietos. Tenía también un piso, con el que avaló en su día la hipoteca de un hijo. El hijo perdió su empleo, no pudo pagar la hipoteca y les quitaron la casa a los dos. Ahora se prostituye para poder vivir. A ocho euros el servicio, que también aquí la competencia es dura y no hay más remedio que hacer rebajas frente a cuerpos más apetecibles y más profesionales. Ella, una mujer de valores tradicionales, dedicada a los suyos y con una vida hasta entonces encuadrada en la bendita normalidad de los pequeños problemas de cada día. Su amor de madre no pudo evitarlo, y su deseo de dar a su hijo una vida al menos como la de ella terminó en la ruina de ambos. Sobre todo, con su vida en ruinas. Una calle céntrica, una esquina cualquiera, soportando todas las miradas que examinan con expresión burlona, acusadora, despectiva o misericordiosa lo único que le queda para vender. Su familia no lo sabe, y quizá esa sea una angustia añadida, la del momento de ver si encuentra comprensión para su humillación. Los ministros europeos salen de otra de sus reuniones hablando de que «la rebaja del 'rating' hace necesaria una reestructuración de la deuda porque la dinámica del mercado va a terminar llevando a un 'default'».

Nadie podía preverlo hace tan sólo unos pocos años, cuando creíamos que una sociedad tan bien fundamentada como la nuestra tiende por su propio impulso a ir hacia adelante. No contábamos con el infinito afán de riqueza de los ricos, la incompetencia de los políticos o la deshumanizada aplicación de las leyes a los débiles. Los culpables no existen; los que sufren sus consecuencias sí, y cada vez en mayor número. El caso de María lo ha publicado la prensa nacional, así que todavía tiene categoría de noticia. Lo triste es pensar que quizá dentro de poco ya deje de serlo.

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